A los que quisimos disfrutar de la magia de este grupo, se nos presentó una ocasión inmejorable. Es excepcional que una ciudad como Santa Coloma cuente con una sala como ésta, con personas que se mojan para intentar darle empuje a la música en directo. Contar con un grupo del nivel de Vinodelfin dejó con la boca abierta a más de uno al verles en la agenda de enero. Y, ciertamente, gran parte del público respondió como era deseable en una ocasión de este tipo: un concierto trabajado, esforzado y difrutado en cada tema por cada uno de los miembros de la banda.
[caption id="" align="aligncenter" width="415" caption="Vinodelfin en la sala Pop. Fotografía: Mario Gómez."]
Sin embargo, pequeñas cosas contribuyeron a deslucir la velada. Por ejemplo, un DJ fuera de lugar con la música de ambiente previa al grupo, que se despistó al no darse cuenta de que la banda tenía ya un pie en el escenario, y no les cedió el turno como era de esperar. Por ejemplo, algún exaltado con pancarta que, sí, hizo gracia al principio, pero se hizo absurdamente cansado a fuerza de repetirse una y otra vez. Aunque sin duda, lo que contribuyó definitivamente a enrarecer el ambiente fue la costumbre, que tristemente empieza a darse más de lo deseado, de hablar a voz en grito durante una actuación. Esta muestra de falta de respeto por el trabajo del músico es inexcusable, y desanima tanto al músico como al resto del público.
De cualquier modo, desde Libertad Sonora preferimos quedarnos con dos cosas: la profesionalidad demostrada por el grupo, que supo sobreponerse a estas sensaciones y ofrecernos lo que mejor saben hacer: buena música y poesía, hasta en su puesta en escena. Y también, con la iniciativa de la sala y su organización, a los que apoyamos en que no cesen en su empeño de llevar a la ciudad la cultura que representa la buena música en directo.