martes, 23 de abril de 2013

Baladas por Sant Jordi

Hoy me duele un poco la cabeza, pero no voy a dejar pasar la ocasión de dejar unas cuantas líneas escritas en el blog. ¡Y más en un día como hoy! Espero que todos hayáis tenido oportunidad de acercaros a las letras, y si habéis recibido alguna rosa, pues mejor que mejor, aunque no hay que olvidar que no todas las rosas tienen forma de flor.
Al hilo de la literatura, de la historia, de la música, hoy le dedico este espacio al nuevo trabajo de Anaïs Mitchell, una cantautora de Vermont, allá por los Estados Unidos de América, de la que ya he hablado en alguna otra ocasión. Se trata de "Child Ballads", un álbum que incluye siete canciones, interpretadas junto a Jefferson Hammer. ¿Porqué hablar de este disco un día como hoy? Porque los temas que lo componen cuentan historias, largas historias que han ido pasando de oreja a oreja durante generaciones. Títulos como Willie of Winsbury, Sir Patrick Spens o Tam Lin, los recogió durante finales del siglo XIX el folklorista Francis James Child: canciones que venían de Escocia e Inglaterra, que tuvieron sus propias versiones americanas, y que algunas se remontaban hasta el siglo XIII, aunque la mayoría se daten entre los siglos XVII y XVIII. Es un baile de números, cierto, pero una cosa está clara: estas historias han sido contadas (y cantadas) muchas veces. Hablan de princesas, reyes y caballeros; de penas de muerte perdonadas, de duendes que guardan campos y cobran un doloroso peaje a las doncellas que por allí pasan. Un pasado mágico que aún hoy nos sigue hablando de frente.

Una portada de Peter Nevins, repleta de rosas y con una curiosa ilusión óptica...
Y Anaïs Mitchell recoje esta herencia y le aporta sensibilidad, buen hacer, delicadeza. Para Anaïs, estas baladas son bellas y extrañas. Y crea con ellas un álbum que puede leerse, como si de un libro de cuentos se tratara, y que suena muy, muy bien. Variado como la memoria y los recuerdos, como las historias que cuenta. No se me ocurre mejor propuesta para un día como hoy.







jueves, 18 de abril de 2013

De congresos, casualidades y sorpresas

Hoy está siendo un buen día. (Podría decir "ha sido", pero aún me quedan unas cuantas horas más antes de retirarme a dormir y ponerle mi propio punto y final.) Esta tarde he tenido la oportunidad de hablar en público, en el marco de unas jornadas de musicología, sobre cuestiones de las que me apasionan: música, Edad Media, literatura. Con la (gran) excusa de las novelas de Chrétien de Troyes, he hablado de sonidos antiguos, de costumbres, del rey Arturo, de la magia. ¡Incluso de la cabeza de Stark en la pica de Juego de Tronos! Así, durante un par de horas he podido presentar mi tema, escuchar más temas interesantes, conocer visiones nuevas, debatirlas después. Ciertamente, el tiempo no me sobra (¿a alguien puede sobrarle?) y en ocasiones, cuando me veo tan metida en estos asuntos, pienso si no habría sido complicarme la vida entrar en tantas historias. (Ese tan famoso ¿Quién me mandaría a mí...?) Pero la sensación posterior, pese a las dificultades que haya podido haber, me confirma que vale la pena hacer lo que a uno le gusta, lo más a menudo posible. (Cuánto paréntesis, sí que debo andar un poco hiperactiva...)
Pues viniendo de vuelta en el metro he tenido un pequeño momento mágico. Los que me conocen saben que yo no creo en las casualidades. Así que hoy una de esas coincidencias que podrían pasar sin pena ni gloria me ha asaltado nada más subir al vagón. Un vagón bastante repleto, y sin aire acondicionado, algo que en esta época empieza a ser difícil de soportar. Pues bien, a menos de un metro de mí, un chico estaba leyendo. El mismo libro que yo llevaba. La misma edición. Y claro, si hubiesen sido las dichosas Cincuenta sombras o cualquier otro best-seller me hubiese parecido hasta normal. Pero no, ando (andamos) leyendo estos días una novela de Michel Faber, Bajo la piel. No he podido morderme la lengua, y además, el asiento a su lado ha quedado libre, así que nada más sentarme le he comentado mi sorpresa. Y diría, por su expresión, que él también estaba bastante sorprendido. Sin más, una conversación muy corta y agradable, superada la estupefacción inicial, sobre un libro que me está gustando cada día más. Un libro que parece saber qué piensas en cada momento, para saltarse tu lógica y salir por la tangente que menos te esperas. Y hasta aquí puedo leer, no quisiera desvelar ni una línea más.


Es cierto, muchas veces esos momentos extraños pueden no tener un sentido aparente y llegar igual que se fueron, pero yo quiero sostener mi respuesta ante ellos: la de la sorpresa, seguir reconociendo cómo el azar en ocasiones decide obviar la estadística y transformarse en magia. ¡Ah! Y hablando de magia, y de experiencias, ¡no me he olvidado de Rammstein! Después del domingo me reafirmo: no sé describir su música de otra manera más que música cuadrada. Jugando a la sinestesia, si la música fuera visible, la de Rammstein serían cubos, cuadrados, pesados, regulares y sólidos. La noche del domingo fue precisamente eso.  Intensidad y espectáculo, estimulante para aquellos que sabíamos qué íbamos a ver, y seguro que sorprendente para aquellos que no tanto. Y sino, que le pregunten a mi acompañante, mi padre (quien nunca dejará de sorprenderme por su flexibilidad y capacidad de disfrutar de cualquier música). Una gran velada, con sentido escénico y teatralidad bruta, de la que me gusta, de la básica. ¿Qué será lo próximo?

PD: He elegido esta versión de Mein Herz Brennt por dos razones. Porque fue la que pudimos oír en el concierto, y porque pasa la prueba: la de despojarla de todo ornamento, desnudarla hasta el esqueleto y seguir siendo una buena canción.

domingo, 14 de abril de 2013

Post con cereales y chocolate negro

Hoy desayuno frente al ordenador y dedico unos minutos a esta página. Porque me lo pide el cuerpo. Y es que en todas estas semanas de silencio bloguero, la música y la vida no se han parado y me han regalado momentos especiales y mágicos que me siento en la obligación de compartir, como agradecimiento a quien o a lo que quiera que sea que me los pone por delante.
Empezaré por ayer mismo. Por la tarde, me subí al coche dirección a los Estudios H en Barcelona, con el Hounds of Love de Kate Bush haciéndome compañía. Es curioso como hay discos que parecen abrirse poco a poco con las escuchas sucesivas y crecer... (Además del hecho que Kate me está pidiendo un post para ella sola: ¡todo llegará!) El destino ayer era la fiesta de presentación del disco de El circo de las mariposas. Un proyecto en el que participo y que me encanta. Hace tres años me hubieran dicho que iba a colaborar con gente como Marcos Andrés, alma de Vinodelfin, y no me lo hubiese creído. Y ayer, esa colaboración no sólo existía, se había materializado en un pequeño álbum, Frida, que pude escuchar en la sala central del estudio, a todo volumen, rodeada de personas que lo habían hecho posible. Me emociono fácilmente, pero aguanté la lagrimita. Pero la sonrisa no, esa no me la aguanto, ¡todavía me dura!
Nervios y sonrisas y la mandíbula descolgada sin poder cerrar la boca fueron elementos de uno de mis grandes días, saltando un poquito más atrás en el tiempo: el concierto de James Ehnes en el Festival de Pascua de Aix-de-Provence, el pasado 29 de marzo. Nunca he sido mitómana en el ámbito de la clásica, ni seguidora de intérpretes concretos, aunque quizás debería decir hasta ahora. Aun no sé explicar qué clase de astros se alinearon para que este canadiense se haya definido para mí como un violinista único. Su música, por más que interpretada antes de él tantas otras veces, me habla directamente a mí. Su sonido, su técnica perfecta. Un intérprete que me hizo no tener ni una duda a la hora de coger el coche y plantarme en la Provenza francesa para verle en el Festival de Pascua de Aix. Y vaya si mereció la pena. Un teatro pequeñísimo, buenas localidades y un repertorio imposible: la partita en re m de Bach, la sonata a violín solo de Bartók y cuatro caprichos de Paganini. Aún se me pone el vello de punta cuando lo recuerdo: ni un gesto superfluo, ni una mueca fuera de lugar. El violinista desaparecía para dejar paso a la pura música: un instrumento solo que no necesitaba de nada más para llenar aquella sala, para dejar salir a un Bach cristalino, un Bartók caprichoso y un Paganini delirante, que nos llevó a todos al máximo asombro, si es que cabía algo así después de haber oído todo lo anterior.  Cuesta incluso poner un punto y final a este párrafo. Y es que fue la primera, pero seguro que no la última vez.

(Aquí el señor Ehnes se atreve con un Wieniawski inhumano y no solo lo toca sino que lo hace de manera musical, más allá de ser un robot toca-notas... Y esos finales controladísimos... Vale, ¡ya paro!)
¡Y este post empieza ya a ser demasiado largo! Cierto es que han sido muchos días sin escribir, y muchos momentos que no se han escrito (como uno de los conciertos mágicos del Quartet Casals en L'Auditori o Madama Butterfly en el Liceu), pero valga esta primera vuelta al teclado bloguero como acto de agradecimiento. Al estilo, porqué no, de la que se ha convertido en una de mis películas preferidas: Happythankyoumoreplease. Así, que, lo dicho: gracias y ¡más, por favor!

PD: El más sigue llegando y esta tarde me espera Rammstein en el Palau Sant Jordi. ¡Sí! Y es que la música te da tanto... Nunca lo diré suficientes veces.

lunes, 4 de febrero de 2013

Río arriba, como los salmones

Hoy tengo ganas de escribir aunque no estoy especialmente inspirada. Ya son las once, y el pip-pip del despertador planea sobre mí, ese momento en que el día deja de contar su tiempo hacia adelante para pasar a contarlo hacia atrás. Parece además, que el ambiente se enrarece estos días. Hay noticias desagradables, tanto en ese mundo tan irreal en que los políticos hablan a través de televisiones de plasma, como en el más cercano que vive una todos los días.
Hace unas noches, sin embargo, alguien me definió como una persona optimista. Nunca me había parado a calificarme así (por otra parte, en cuestiones de definición, suele ir bien dejárselo a los demás), pero quizás tenga razón. No he sido siempre como soy ahora, y sé que el optimismo en ocasiones tiene mala prensa: que si uno no toca con los pies en el suelo, que se niega a ver la realidad como es. Cruda. Dura y difícil. Bien, yo no niego que esa cara de la realidad exista, creo que todavía ando en mis cabales, pero también creo que es solo una de las dos que la componen.
Esta visión partida por la mitad me recuerda a aquella leyenda tantas veces escuchada. En ella, un sabio explica cómo dentro del hombre viven dos lobos en perpetua lucha: un lobo blanco y un lobo negro. El lobo negro simboliza lo oscuro, la rabia, el pesar, el mal. El lobo blanco es su contrario: la luz, la serenidad, la voluntad, el bien. En la historia, alguien preguntaba cuál de los dos saldría vencedor. La respuesta del sabio era simple: el lobo al que cada uno alimente.
Siendo así, lo tengo claro. Aunque parezca que una va contracorriente, con más razón y sin despegar los pies del suelo, reivindico que en el camino, a parte de polvo y cansancio, hay puestas de sol y fuentes en las que pararse. Que no soy menos realista por ello. Que sigue habiendo creatividad, que sigue habiendo personas buenas, motivos por los que emocionarse. Que el vaso no siempre está medio vacío. Aunque al decirlo una vaya río arriba, como los salmones.
Y sí, quizás alguien pueda ver en esto algo de filosofía barata. Quizás incluso sea cierto, incluso más aún: de tan barata, ¡sale gratis! Pero si encima nos hace ser un poco más felices, ¿no merece la pena? Todos nos merecemos una buena dosis de belleza de vez en cuando, de dentro y de fuera, de esa que no cuesta dinero y que viene en forma de una buena canción, una palabra agradable, un par de oídos que escuchan, un abrazo a tiempo.
Por cierto, la noche de hoy suena a Elvis Perkins. Ash Wednesday es una delicia.

domingo, 27 de enero de 2013

Un fin de semana intensivo

Vuelvo a estas líneas después de varias semanas de ausencia. Fiestas (¡Feliz Año Nuevo!), viajes, estudio, van ocupando los días del calendario y ¡se van volando! Pero por fin encuentro un rato para mí, para pensar un rato con las teclas delante.



Este 2013 ha empezado bien. Parece que lo de escribir empieza a dar sus frutos, la música sigue ahí, estoy rodeada de buena gente y tengo la suerte de poder estudiar algo que me gusta, que me sigue picando para que no deje de pensar, de viajar al pasado, de conectar con otras realidades. Quizás suene marciano desde fuera, pero así es como lo vivo yo. Estudiar la época medieval. Muchos me habéis preguntado porqué. Y realmente me cuesta explicarlo, porque es más un tema de intuición que de raciocinio, porque existe una conexión que no sé explicar. Porque empecé a tocar el violín hace ya tiempo, porque entré en la música antigua, porque cada vez quería buscar más atrás, porque los planetas se alinean, porque algo tenemos que hacer para no perdernos en la tecnología del siglo XXI y recordarnos que somos personas: que sin todo lo que nos envuelve seríamos animales más o menos racionales enfrentados a las inclemencias del tiempo y con necesidad de organizarnos y entendernos. Y en eso no somos tan diferentes a aquellos que vivían hace mil años en las tierras que nosotros pisamos hoy.
Sea como sea, me encanta poder leer palabras escritas hace tiempo, imaginar cómo era esa pluma, cómo era la ropa del escritor, qué hizo cuando se levantó de la silla, qué comió aquel día, cómo leches dormía con el frío que hacía entonces si yo sin mi nórdico me tiraría por la ventana. Así que, en esas llevo todo este fin de semana. Espero que los exámenes (¡qué concepto tan poco romántico!) se porten bien conmigo.
Mientras tanto, ando escuchando una Missa pro defunctis que descubrí de casualidad, preparando justamente una exposición para la clase de literatura latina. Se trata del Requiem de Giovanni Francesco Anerio. Cierto es que llega un poquito más tarde, vivió el comienzo del siglo XVII. Así que es esta música renacentista, con varias líneas vocales, que crecen y se expanden, pero con un toque arcaico. ¡Un respiro después de tanto estudio!

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Músicas de invierno

Me gusta el invierno. Me gusta porque salgo del trabajo de noche, y aunque parezca más un inconveniente que una ventaja, salir a oscuras me regala un pequeño placer: un trayecto a pie de unos 20 minutos con música nocturna. ¿Existe la música nocturna? ¿Existe la música de invierno?
Quizás sea pretencioso contestar esta pregunta, pero es mi espacio y me mojo: sí. Existen canciones, melodías, que nos apetece escuchar a la luz de las farolas, bajo un paraguas o al refugio de una manta. Y suele pasar que estas músicas, y mejor en soledad, te llevan a un estado distinto, un estado que no sé bien con qué palabra definir: ¿Recogimiento? ¿Reflexión? ¿Transcendencia?
Y es que el mundo a veces parece que te guiñe un ojo. Hoy venía disfrutando yo de este paseo con banda sonora, cuando mi mente me ha llevado a pensar sobre una noticia que leí hace poco. Un grupo de científicos han iniciado un estudio que pretende demostrar si vivimos o no en un universo informático. No en el sentido tecnológico, sino en el sentido de un universo creado por la informática, un microcosmos artificial. ¿Tendría sentido pensar que generaciones posteriores a la nuestra hubiesen avanzado tanto como para recrear un universo y estudiar su desarrollo?
En eso pensaba yo, cuando empecé a detectar esas bromas que te gasta tu entorno: una pantalla de error de windows en el metro, caras que se parecen muchísimo a gente a la que conociste en algún momento de tu vida, la canción Universos infinitos en tu modo aleatorio tras una letra que pintaba a unas estrellas que nos miran desde el cielo... Pues bien, todo esto podría llevar a todas partes o a ningún sitio. El caso es que para la pregunta de si soy un avatar en una partida de Sims de alguien del siglo XXX, tengo una respuesta clara: no me importa, merece la pena sin dudarlo. Aunque solo sea por los momentos de introspección bajo la luz de las farolas. Por la inspiración, por el arte, por los guiños. Y es que si realmente hay alguien siguiendo todo esto desde algún punto, debe estar alucinando.
Sin más, termino con una canción de invierno. Karma Police, Radiohead. Termina mi viaje de metro. Un placer.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Strange things do happen

Me quedan pocas fuerzas después de este jueves, pero me quedan ganas de compartir algunas cosas en este espacio, empezando por esta mañana. Me desperté a mi hora habitual, todavía con la cabeza en la noche de ayer, noche de miércoles, que desde hace más de un año significa verse y disfrutar de un par de tragos entre amigos. Te lo garantizo: ¡la semana se ve diferente!
En este punto me estoy dando cuenta de que el formato redacción de escuela no me está funcionando. Noto el cansancio y se me hace eterno pensar que tenga que explicarte que me he comido dos sandwiches en el patio de la universidad, mientras miraba los peces del estanque. (¿Seré la única que mira los peces?) En definitiva, trabajo, examen, autobús, metro... Pero con todo y con eso, un buen día. Porque es en los días "normales" donde, si uno se fija bien, pasa lo más extraordinario. Ratos en el bar de la facultad con risas de antes de entrar a examen, compartir unos palitos, encuentros casuales que no creo que lo sean y que dan como resultado conversaciones que reconfortan y acompañan, descubrir libros de los que emocionan, que Spotify te sorprenda con su modo aleatorio, ese que parece que te lee la mente.
En una de estas sorpresas, mi hilo musical me ha regalado esta canción. Incluida en una lista llamada "Música para mirar estrellas", la descubrí en la película Bon Appétit. Se trata de Strange things will happen, de The Radio Dept. No recuerdo exactamente el argumento de la película, pero recuerdo que lloré con ella, que tuvo algo que me emocionó (lo reconozco: ¡soy facilona para esas cosas!) y esta canción tenía un lugar central en el film. La letra se adapta perfectamente a mi día de hoy...
Hoy ha sido un día bonito, sin decepciones, sin grandes expectativas... ¿Descubriste al final que las cosas más extrañas suceden si las dejas?
Y sí, son cosas pequeñas, pero grandes. Y están ahí, sólo hace falta sintonizar, ponerse las gafas adecuadas y mirar alrededor. ¿Cómo reconocerlo? Cuando ante algo que te despierte una emoción te preguntes: ¿qué probabilidad había de que esto pasase aquí y ahora? Entonces lo tienes delante de tí. En fin, perdona el misticismo, pero me siento bien y quería compartirlo. Y por supuesto, aquí tienes mi banda sonora.

PD: A esto los medievales lo llamaban "lo maravilloso", y formaba parte de la realidad como lo era su casa o su trabajo. Quizás deberíamos recuperarlo?

lunes, 12 de noviembre de 2012

Thinking about Lana...

Después de una tarde de biblioteca y trabajo, me regalo un ratito en el blog para contarte algunos pensamientos que han cruzado mi mente durante el día, al hilo de un asunto, como siempre, musical. Ayer, sin querer o sin querer evitarlo, tropecé con los premios EMA en la MTV. La música más comercial del momento, actuaciones en riguroso playback algunas, voz en directo en otras y mucha puesta en escena, ¡a veces cuesta resistirse! Pues bien, en un momento de la gala apareció Lana del Rey. Sí, esa chica lánguida y con cara triste e inexpresiva que aparece en todas las marquesinas de H&M. Es curioso, hasta entonces, lánguida e inexpresiva eran los únicos adjetivos que me venían a la cabeza cada vez que me tropezaba con su imagen. Incluso le había dado alguna oportunidad a Video Games, y la canción me había dejado la misma sensación aguada que me dejaba su perfil en las fotos.
Esta mañana, no sé porqué ni porqué no, he decidido darle una segunda oportunidad a su música. Su estética llama la atención, tiene montones de fans, he pensado, algo tendrá. Pero en vez de eso, he tropezado con su historia personal. Resulta que Lana del Rey es un personaje ficticio (hasta ahí nada nuevo), pero calculado al milímetro, hasta el punto de haber sido modelado a base de bisturí. Parece ser que la ni el nombre ni la imagen original de Elizabeth Woolridge eran suficientemente buenas para el mercado. Lo intentó como Lizzy Grant, en un proyecto previo que fracasó, hasta que su representante decidió convertirla en la reencarnación contemporánea del Hollywood dorado de Dean, Sinatra y Presley. Nada podía quedar fuera de control: incluso el nombre del proyecto, una combinación entre Lana Turner y el automóvil Ford Del Rey del 81, fue elegido por su mánager. A partir de ahí la historia es conocida. En apenas un año, Lana del Rey ha llegado desde los números uno a las entregas de premios, a los catálogos de moda. Pero, ¿a qué precio?
Hoy escuchaba Born to Die, y veía fotografías de Elizabeth y de Lana. Retoques quirúrgicos innecesarios (que ella niega insistentemente), una voz sin pasión, dejar atrás quien eres para pasar a ser... distinta. Distinta hasta el extremo, una barbie preciosa pero de plástico, perfecta e inalterable en su pose decadente. Y es que quizás Lana, al repasar el Hollywood dorado no tuvo en cuenta la cara oscura de mujeres como Marilyn Monroe o Natalie Wood: mujeres partidas en dos que apareciendo perfectas ante las cámaras se consumían por dentro en una nube de miedos, sin llegar a saber nunca qué fue de su antiguo yo. Esto andaba yo pensando, y Born to die, cada vez me enganchaba más. Me sonaba más triste y deprimente que nunca.


Ciertamente, es pronto para todo esto. Lana del Rey acaba de lanzar su carrera y está en un buen momento. Pero si esto pasa, ¿habrá merecido la pena?

jueves, 8 de noviembre de 2012

Una per-versión emocionante: The Boxer

Recuerdo que una de las primeras secciones que arranqué en este blog hace ya dos años (¡dos años!) fueron las Per-Versiones. Y es que siempre he tenido debilidad por los covers, y sobretodo por la incertidumbre de no saber qué es lo que hace que una canción sea siempre ella misma, la inteprete quien la interpreta, aunque cambie completamente su significado. Me fascina creer que las canciones tienen una existencia independiente a su creador, que como decía Stravinsky, él solo fue el recipiente por el que pasó la Consagración de la Primavera.

Por este rincón perverso han pasado nombres como MGMT, The Killers, Britney Spears, Michael Jackson o Bee Gees. Hoy es el turno de Simon & Garfunkel y un tema que me encanta: The Boxer. Aquí lo tenemos en su versión original.



Después del gran éxito cosechado con Mrs. Robinson, el dúo lanzó esta canción como siguiente single en el año 1968, y estaba incluida en su último disco Bridge over troubled water, o como les gustaba llamarlo por estos lares, El puente sobre aguas turbulentas. ¡Gran costumbre en desuso la de traducir los títulos!

Pero si he escogido esta canción hoy, no ha sido al azar. Si me conoces, sabes que no creo en las casualidades y en el mismo día me asaltaron dos versiones de esta canción que consiguieron ponerme los pelos de punta por diferentes razones. La primera es de Mumford & Sons y se incluye dentro de su álbum Babel, acabadito de salir del horno. Ciertamente, casi les había dado carpetazo a estos londinenses: su crecimiento está siendo muy rápido, casi diría que demasiado (lanzar su segundo disco y al poco tiempo un documental sobre su gira me parece un tanto... ¿pretencioso?) y considero que el gérmen es muy bueno, pero falta una buena destilación para perder el punto cargante que puedes detectar cuando ya has escuchado cinco canciones seguidas.

Pero ahora es cuando me trago mis palabras y digo que la versión de The Boxer es perfecta. La historia del chico que huyó de su casa para sobrevivir en las calles de Nueva York suena dura y rota en esta versión de Marcus Mumford y los suyos junto a Jerry Douglas, y la intensidad del estribillo es eléctrica. No en vano, Paul Simon también aparece en ella.



Y la última y más increíble y verdadera razón de la existencia de este post. Cecilia. Sí, la del Ramito de Violetas; la de la melena y la sonrisa, la que se fue demasiado pronto. Una grabación de un directo remasterizada se publica en 2011 y creo que todavía no he podido cerrar la boca tras escuchar su versión de esta canción. Una sorpresa tremenda, no sabía siquiera que Cecilia hubiese cantado en inglés, tampoco había oído nada que no fuesen sus canciones en estudio. Así que oírla presentar esta canción de su autor favorito (ciertamente, Cecilia fue su bautismo artístico en honor a la canción de Simon) con rabia, incluso con errores, pero a la vez sin perder esa serenidad que le intuyes, me emociona. Y me hace pensar. ¿Se le ha hecho justicia? ¿Cuadra esa imagen tibia y hasta ñoña que se tiene de ella con lo que representaba Cecilia en la España de los 70? Podría extenderme más, pero prefiero dejarla hablar a ella. El vídeo a continuación es un montaje con el audio original remasterizado, junto a imágenes de una actuación en TVE, escuchadla a partir del minuto 0:17...



El post llega a su fin. Espero que te haya gustado, si has llegado hasta aquí. Y ahora viene el momento de la dedicatoria. Post especial para personas especiales: mis padres. De hecho, ¿sabías que estuve a punto de llamarme Cecilia?

lunes, 5 de noviembre de 2012

Unas cuantas letras con ojos entreabiertos

Acabo de volver a casa (¡mi casa!), después de un día más ajetreado de lo normal. Y es que cuando una abre los ojos por la mañana a un par de miles de kilómetros y acaba la tarde yendo a la universidad y pasando sin remedio por la tienda Movistar más cercana, pierde una la noción del tiempo y del espacio, y bien puede parecer que hiciera tres meses o diez minutos que pasaste de 7 a 17 grados.

Pero aquí estamos otra vez. Parece que últimamente mi blog se compone de entradas "de vuelta". No voy a engañarte, ya que me lees: me planteé (otra vez) cerrar el blog. ¡Pero se resiste! No acarreo nada, me gusta tenerlo y disponer de él para contar y compartir lo que me apetezca y cuando me apetezca. Quizás hayas sido tú una de esas personas que me ha dicho algún día que le había gustado un disco que había recomendado, o que había descubierto una canción que le había hecho ver estrellitas de colores gracias a este espacio. Pues bien, si es así, ¡tú tienes la culpa de que esto siga abierto! No me queda otra que darte las gracias.

Este será un post de vuelta, pero inevitablemente viene acompañado de música. Parece que el movimiento del día me traiciona, y creo que para evitar males mayores prefiero reservarme algunos temas más densos para otro día de ojeras menos profundas. Hoy simplemente voy a dejarte una canción: I'm only sleeping, de The Beatles. Parece mentira, pero nunca dejarán de sorprenderme. John Lennon escribió este tema para el álbum Revolver, publicado en 1966. Producido por George Martin (¡qué importante es un productor!), el disco exploraba territorios nuevos para el grupo, como la psicodelia de Tomorrow Never Knows, que también contaba con influencias orientales o los acompañamientos alternativos, como el célebre cuarteto de cuerda de Eleanor Rigby.

¿Porqué I'm only sleeping? Porque probablemente sea la canción que mejor describe los "cinco minutos más". Lennon tiene sueño y sólo quiere que le dejen dormir; el resto le da absolutamente igual. Si decís que es un vago, no os hará ni caso, los locos sois vosotros. Vamos, que ni le toquéis. A más de uno y de dos nos suena, ¿verdad? Os dejo un enlace con la letra (y su traducción). En cualquier caso, disfrutadla. La entonación de Lennon es perfecta para ese momento de ojos entreabiertos.



Y volviendo a mi día de hoy, puede sonar típico y tópico, pero los viajes dan, por lo menos a mí, una nueva perspectiva de las cosas una vez se vuelve a casa. Traigo nuevas ideas, estreno conexión (y esta vez decente) a Internet y vengo con la productividad disparada. ¡Parece que mientras menos tiempo me queda, más cosas hago! También vengo con energía; ahora, con toda probabilidad nada más caer en la cama me desenchufe y hasta mañana no sepa ni dónde sueño, para terminar diciendo aquello de Please, don't wake me... ¡Pero habrá merecido la pena!

jueves, 30 de agosto de 2012

Una vuelta distinta

Se terminaron las vacaciones de verano y aquí estamos de nuevo. Igual pero distinto. Este es el primer post que redacto desde mi nuevo espacio, donde me instalé hace un par de meses y que hoy por primera vez cuenta con una precaria conexión a Internet. Lo que da de sí el pobre pinganillo, vaya.

También ha sido una vuelta al cole distinta por más razones. Casi por primera vez, he empezado totalmente recargada, después de unas vacaciones de agenda intensa, pero en las que ha habido tiempo para todo. Incluyendo también tiempo para todo tipo de músicas, desde el relax inspirador de las piezas para piano de Debussy, o los conciertos para violín de Haydn en la enérgica versión de Giuliano Carmignola, a la música de Frank Zappa o Paul McCartney, pasando por mi últimamente inseparable Christina Rosenvinge, los inevitables éxitos veraniegos de Gustavo Lima y compañía, o las versiones verbeneras que se oyen (y se bailan) en las Festes de Gràcia.

En definitiva, ¡parece que tres semanas han cundido! Y hoy, la verdad, no es que tuviese nada especial que contar. Pero me hacía ilusión escribir, estrenar post, estrenar ordenador, estrenar conexión. Aunque ya puestos, confieso: Me he comprado una caja de doce colores pastel. Y no, no tengo ni la más mínima idea de cómo utilizarlos. Pero me han mirado desde el aparador de la papelería y no he podido resistirme. Eran preciosos. Cuando le he dicho a la dependienta que nunca los había utilizado, me ha contestado: "No te preocupes, si te gusta dibujar...". A lo que le he contestado que no sé, que habrá que descubrirlo. Por la cara que ha puesto no creo que haya captado mi amor irracional por el material escolar, pero de cualquier manera, ya sean unos colores que parecen ceras para adultos, un nuevo disco o un próximo viaje; el próximo curso habrá que descubrirlo, ¿no?

miércoles, 8 de agosto de 2012

Músicas de verano

He aquí un post veraniego, desde mi retiro habitual por estas fechas. Por fin, parece que el tiempo pasa más despacio y que se le permite a una ocuparse en, digamos, lo que le apetece en cada momento. Escuchar aquellos discos que requieren de más tiempo o de un estado de ánimo especial o leer aquel libro que llevaba esperando su turno desde hace ya algunos meses. O porqué no? Volver a re-escuchar hasta el extremo un álbum que pasó desapercibido sin saber muy bien porqué.
Pues bien, de todo esto tengo ejemplos estos días. El Jo confesso de Jaume Cabré se ha venido en mi maleta y, pese a que por su tamaño alguno pudiera echarse atrás, hace tiempo que aprendí a no dejarme intimidar por un simple número de páginas. De haberlo hecho, me habría perdido grandes historias como Crimson Petal and the White de Michael Faber, o esta magnífica novela de Cabré, que no deja de sorprenderme en ni una sola de sus páginas.
De todas formas, este es un blog musical, y uno de los álbumes que me ha asaltado estos días entra en esa segunda categoría, la de discos redescubiertos que, sin saber porqué, habían quedado guardados en el cajón. Se trata de Verano Fatal, de Nacho Vegas y Christina Rosenvinge.

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A poco que conozcamos a los personajes, este EP de siete temas corre el riesgo de ser víctima de adjetivos como gris, lánguido o incluso, pretencioso. Ciertamente, no son una pareja al uso, ni mucho menos son la alegría del barrio (el tema Humo acaba por desmoronarme incluso a mí). Pero precisamente conociendo qué piezas tenemos en el telar, el toque canalla que arranca desde la portada y la sensibilidad sincera en temas como Me he perdido o el mismo Verano Fatal nos regalan una sensación extraña: la de espectadores intrusos en la relación de estos dos personajes. Y es que mirar por el ojo de la cerradura del cuarto de Vegas y Rosenvinge suena tentador, verdad?
En cualquier caso, fatal o no, espero que estéis disfrutando del verano con una buena banda sonora.

PD: Disculpad si hay algún error en el post. Ando probando la publicación vía dispositivo móvil, pero soy tan romántica que primero he escrito todo este post a mano!

lunes, 4 de junio de 2012

Amor a primera vista

Hoy un disco se me ha tirado encima en FNAC. Bueno, quizás no en un sentido literal, pero hacía mucho tiempo que no me pasaba algo así: un flechazo total que no he tenido miedo a seguir y que me ha hecho reabrir este espacio personal. Y no en cualquier momento, sino en este período de estudio en el que, en principio, Libertad Sonora tenía que quedarse, agrícolamente hablando, en barbecho.

La verdad es que nunca me planteo qué compraré cuando entro allí. Siempre digo que algo vendrá a buscarme y querrá venirse conmigo, como una manera de tentar a la intuición. Con la idea de que fuese un libro, me he dispuesto a hacer el recorrido habitual por la tienda. Pero no he podido. Había un disco puesto, la voz me resultaba totalmente familiar, pero no sé porqué, me ha hecho darme la vuelta y empezar a intentar averiguar qué era aquello y porqué me hablaba a mí. No me han servido aplicaciones de móvil, no he conseguido adivinarlo en los expositores, dudaba en preguntar al chico, por aquello de si no era su sección... Vergüenzas tontas que tiene una.

De todas maneras, no debí ser muy discreta en mi deambular por el pasillo, ya que el propio chico salió de detrás del mostrador para preguntarme si necesitaba algo. Y sí, creo que he hablado en voz más alta de lo habitual: "Sí. Querría saber qué está sonando".

Novedad, y de oferta, no he dudado ni un segundo: ése era el disco que hoy tenía que comprar. Mi sorpresa ha sido más que agradable cuando he descubierto que se trata de un álbum optimista, que habla de crecer, de reconocerse, de no hacerlo solo. Lo firma John Mayer bajo el título "Born and rised", disco del que desconocía su existencia por completo. Quizás para algunos no sea nada especial, pero para mí ha sido un amor a primera vista.

Os dejo una canción a modo de muestra, Shadow Days. Sí, el chico guapo se ha dejado greñas y barba, pero canta honestamente cómo los días sombríos terminaron, cómo él es simplemente, un buen hombre con un buen corazón. Así que, gracias por venirte conmigo.


lunes, 16 de abril de 2012

Running away on a Sunday morning

After some days without writing, I've felt compelled to get back to it again. Today I want to share with you today one of my pleasurable hobbies: to run away from the city and escape to the mountains. I enjoy discovering paths of the more or less wild areas in my region, as far from civilization as I can be: taking the car early in the morning with some friends and spending the whole day out, trekking all around. Of course, there is no need to do so every week: if you feel like it, there are many fine options, or you may have, for example, a busy day.

In my case, I'm lucky to live in an area which, though being an urban city, is surrounded by nice places where you can go in almost the twinkle of an eye. And today, this is what I did: with one of my closest friends, we went up the hill and tried some new paths for a few hours. Why? It's difficult to sum up: to step upon the earth instead of cement, to be shrouded by trees instead of streelights and maybe some bicycles instead of cars. And also, the strange and nice conversations which grow in an environment like that. 

A musician who also likes mountains (among other things, I suppose) is Joan Colomo. He is a catalan songwriter who makes music that is quite difficult to describe. He has a strange voice that can go from being soft and whispered to strong and comical, lyrics that relate to people and society or compare falling out of love with a dead vegetable garden. Anyway, he has something in his music that I am addicted to, and I had a very nice time on Friday, when I had the chance to see him live (again).

So, I think he should be the best soundtrack for this post with a song called "El fong i el llangardaix" (The fungus and the lizard), a song that talks about all kind of life: life that appears everywhere, life that conforms to everything, even lives that pass away. And the video that accompanies it reflects this forest magic, being shot in the Montseny mountains, not too far from home. Enjoy!


viernes, 6 de abril de 2012

Lamentaciones de Jueves Santo

Today is Maundy Thursday, Jueves Santo, as we say. This week, there are lots and lots of processions going on every day, even though this year the rain (again) has prevented some of them. Anyway, today I won't write an analysis of the processions, how you should or should not feel toward them. I preffer to think in these days as a chance to revive spirituality, in any form that you preffer. Christianism has impregnated our society and our culture, and specially our art, so I will take advantage of this chance to remember the huge amount of wonderful sacred music that has been written in the course of the centuries. Particularly, today I discovered a piece especially written for this day: Lamentaciones de Jueves Santo, by Juan Gutiérrez de Padilla, a composer born in Málaga (Andalusia, Spain) at the end of the XVI century.

Personally, I love to listen to spanish polyphonic music from the Renaissance on days like this: Cristóbal de Morales, Francisco Guerrero, Tomás Luis de Victoria. All of them great composers whose sonorities, heard from today, can throw you directly into the past and connect you with some part of yourself which appeared forgotten. Gutiérrez de Padilla was not that well-known, maybe. Maybe it was because he left to Mexico, territory of what was then known as New Spain, when he was 32. There, he developed his career as maestro in the Puebla cathedral, composing masses, motets, psalms, responsories, hymns, a litany and even a St. Matthew Passion, works that make him equal of any peninsular composer of his age in both talent and technique, according to scholars. Apart from this Latin sacred music, he wrote numerous vernacular villancicos, intended for the large and enthusiastic crowds attracted to services at Puebla cathedral, in which he included examples of musical styles popular among working-class people from various ethnic backgrounds. As Michael Ende used to say, but that is another story and shall be told another time.

Let's go back to the piece I wanted to share with you, the Lamentations for Maundy Thursday. In my case, I like to close my eyes and mesmerize. This feeling can take you inwards, something that, with the appropiate attitude of mind, can be a transcendent experience that only art can lead you to. Enjoy.


martes, 3 de abril de 2012

I'm (not) only happy when it rains

Today has been a rainy day in Barcelona. Quite unusual, because for the last few weeks you could almost anticipate summer, but April wants to drives us mad, it seems.

Being a Tuesday, I had to work. And I, as lots of people (I guess), enjoy rainy days more being at home than when locked up in an office. Anyway, I tried my best to make the most of the grey sky and the wet weather by listening to music, something that my job, fortunately, allows me to do.

So I chose an album to accompany the weather, and even though the post's title comes from a Garbage song, my choice today was Coles Corner, an album by Richard Hawley which I discovered some weeks ago. I came across it following a streamed interview on a newspaper's website with the singer and songwriter of a spanish band called Sidonie (maybe another day I can introduce them to you...). Marc Ros, the band's leader, was explaining his musical recommendations to the audience, and I thought it was a good idea to create a Spotify list. Amongst the list was this album.



After playing guitar on tour with Pulp, Richard Hawley started his solo career in 2001. His voice sounds deep and velvety, and it can't help but make me feel nostalgic. I confess that I haven't heard any other of his albums, just this one, which came out in 2005, and I like the feeling of it: the strings and arrangements, the slow tempos. Today, when I was working at my table, I enjoyed imagining I was elsewhere, drinking something, with a low light, and of course, the rain falling outside. The combination of melancholy and happiness can be a great feeling, all the better if there is music on in the background and raindrops against the window.

lunes, 2 de abril de 2012

Flashes of a dim and distant crush

Once started, the task is to carry on! So, here I am with my second post. During the day, I've been thinking of what to write, trying to focus in on everything that comes to me, new music or issues, or maybe not new, but at least something that catches me in some way. And, as always when you are receptive, it comes. Listening to some new recordings of classical music, I bumped into a new rendition of a collection of pieces that I have had a special relationship for a few years now. These are the Cantigas de Santa María, written by the medieval king Alfonso X of Castile, called The Wise.



I admit: I have a crush on the medieval age. I've always loved reading about  history, visiting places, imagining moments in those supposedly grey times. Maybe it seems childish, all those stories of castles and kings, and maidens, and poets. Those courtiers worrying about their courtly loves meanwhile the peasants not even being able to change their clothes, which, I add, were actually quite different (and nowhere near as pleasant) as those we see in films.

But beyond that, there's something more appealing to me from those centuries. The way we are connected to them, to the people who lived and died then, to people who -after all- feared, longed, and (sorry for the cheesy moment), loved. And as well as this, they also created, and wanted not to be forgotten. And this is when music comes in.



Alfonso X of Castile lived between 1221 and 1284, over sixty years, which was a pretty fine age to reach in those days. In addition to all his conquests, battles, women, sons and daughters, he was known as "The Wise", because he had a royal scriptorium which was responsible for the creation of lots of written works, in which he participated actively. Many different issues were addressed: maths, astronomy, chess, law, history; working together with a group of latin, hebrew and islamic intellectual men, known as the Toledo School of Translators.

And yes, music formed a part of that huge collection, being the "Cantigas de Santa María". They were a group of lyrical songs, written in the Gallician language, with a religious approach that praised the goodness and highness of the Lord, and above all, the Virgin, who is sometimes treated as a beloved one, in the most earthly sense of the word.

Those were the pieces I first played when I performed medieval music for the first time (did I mention I play violin?), and they caught me. I still play them (the full collection includes 420 songs!) and their sound is truly magical to me.

Anyway, I don't want to make this post too long, so I'll finish with introducing the album I heard today. Cantigas de Nuestro Señor, by Eduardo Paniagua and his ensemble (the same as the group performing in the youtube clip above), includes some of the songs devoted to the figure of Christ. I just hope after all these lines, that you can hear a bit of it and feel a little closer to that time and those people. I can't help but do so. Enjoy!

domingo, 1 de abril de 2012

El lunático en la hierba

Con la excusa de preparar un examen de inglés que se acerca peligrosamente, he decidido abrir un nuevo espacio, un hermanito para LibertadSonora. Se trata de The lunatic on the grass, un blog donde en resumidas cuentas, seguiré explicando estas cosas que me pasan y me rondan, y que inevitablemente llevan una banda sonora detrás.

¿El título? Sirva de homenaje a Pink Floyd, con esa cita de Brain Damage (una de mis preferidas, se encuentra en el álbum Dark Side of the Moon, 1973). Ya lo cuento en mi primer post allí: la letra a primera vista puede no parecer demasiado optimista: locura, apartarse de los demás, perder el norte. Pero, ya sea porque pasaron muchos años de oír esta canción sin entenderla, o por el peso que la propia música tiene en ella, a mí me lo parece. Optimista, incluso alegre. Porque, ¿qué hay mejor que, incluso cuando te hayas perdido, alguien te espere en la cara oculta de la luna?


The curtain opens

Starting a new blog! Even though I know I'm really busy, even though I know the huge amount of time it takes, here I am. And being the lunatic on the grass! What a responsability... But sorry, I started a bit too directly, without "warm cloths", as we say in Barcelona. I'm a girl coming from this great city, born here, living here, working here. But if there's something important in my life, it's music. I have another blog (did I mention I am really busy?) called LibertadSonora, written in Spanish. At the beginning, I used to write about music in general, music news, nothing really personal. But after many attempts at making it better, even thinking of shutting it down, I decided it to make it more intimate, more mine.

And now here it is, this Lunatic on the Grass. A new sibling, written in English, to continue expressing myself on the internet, on my music, and sharing it with all of you, with those who are kind enough to read the words in this space.

So, I couldn't start with any other piece of music than the song itself: Brain Damage. From the album Dark Side of the Moon (1973), it's one of my favourites of Pink Floyd, a band which has always played an important role for me. Why do I like it? Because out of all the band's songs, this one seems to be crazily happy, strangely optimistic. And before someone starts saying something, I know, the lyrics are maybe not that happy, talking about losing your way in life, about falling apart from others, about madness.

In my case, I've been listening to this song since I could barely speak, and my feeling toward it have always been based on the atmosphere the music communicates. But anyway, all of us can get lost sometimes, and is there anything better than having someone waiting for us, even on that Dark Side? In addition, that Madcap laughing makes me think of a particular wild genius: the true lunatic on the grass. May that act as a tribute. Hope you enjoy. And welcome.

jueves, 29 de marzo de 2012

Sonatina para pies cansados (y algo de Cervantes)

Hoy estoy realmente cansada. Uno de esos cansancios que dan hambre, que dan gusto, que dan sueño. Pero de nuevo, siguiendo un impulso, vuelvo a sentarme a escribir otro rato, antes de darme por vencida y caer sin remedio en la cama. Momento que, hay que decirlo, una se recrea imaginando en días como hoy.

Hoy he dado un paseo inspirador. Voluntario sólo en parte, durante dos horas he caminado por calles de Barcelona por las que no había estado nunca, sabiendo que sólo dependía de mis pies, que tenía tiempo por delante. He recuperado sensaciones de un camino muy particular, que pese a haber realizado hace ya unos meses, no me abandona. Y es que sin metro, las distancias se hacen conscientes.
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Hoy he escuchado también una nueva pieza musical que no conocía: Sonatine pour Ivette, del compositor Xavier Montsalvatge. Este año se conmemora el centenario de su nacimiento, y, lo admito, su obra nunca me había llamado la atención. En clase de lenguaje musical, los vivos siempre nos habían dado un poco de repelús. Pero claro, una se hace mayor, y afortunadamente la música sigue ahí, y tengo la suerte de tenerla muy presente en mi trabajo. Justo allí ha llegado esta Sonatina, que se estrenó en 1962. Una pieza para piano sin pretensiones, dedicada por el compositor a su hija Yvette. Y de las que me gustan a mí: que se dejan seguir, pero no te dejan descansar. Disonancias atacando tus expectativas de comodidad. Aquí os la dejo en una grabación de Alicia de Larrocha, no se me ocurre otra mejor.



He de decir que esta tarde, por un momento he pensado si había tomado la decisión acertada empezando a andar. La respuesta me ha llegado a través de una frase escrita con tiza en una pizarra:

"El que camina mucho y lee mucho, ve mucho y sabe mucho".

Este Cervantes...